Un mundo “verdaderamente” feliz


Bases de Datos, ADN y Robots
Para fabricar las cosas
incluso antes que las deseáramos.

Con el conocimiento que se tiene en la actualidad, es injusto que haya tanta infelicidad en el planeta, si tenemos en cuenta que las empresas hacen inteligencia de negocios, inteligencia de mercados y perfilan cada vez más y más a sus posibles consumidores.

Basados en la teoría de la larga cola o “The Long Tail”, es evidente que somos ya casi siete mil millones de personas diferentes, con gustos diferentes y con tendencias diferentes. Esto implicaría que la moda debería desaparecer y la venta de productos masivos podría pasar como una era a la que nos llevó la industrialización y la posibilidad de masificar la producción de cualquier cosa.

La inteligencia y el conocimiento, sumado  a bases de datos cada vez más densas, potentes y “exprimibles”, darían para pensar que los negocios competirían no por vender más millones de X, Y o Z producto, sino de ajustar sus desarrollos e invenciones de manera personalizada e individual.

Pero aún manejamos esquemas productivos heredados de nuestra tradición del siglo XX y será muy difícil superarla sin romper unos cuantos paradigmas y desarrollando nuevas tecnologías que permitan el despliegue de un modelo basado en la felicidad.

Dell, fue pionera en muchos sentidos en el desarrollo de productos masivos personalizados  y tuvo un pico importante que se extendió desde mediados de los noventa hasta comienzos del  tercer milenio, al permitir a sus clientes configurar y ajustar sus productos de acuerdo con sus necesidades, sin embargo su éxito es de antes de la masificación de las redes sociales, los blogs, los sitios de compras por internet y la interacción de los clientes no sólo con la tienda sino entre ellos mismos, enriqueciendo la opción de compra y la toma de decisiones de los clientes.

Por esta razón, Dell debió perfeccionar su modelo, salir a las tiendas y competir con HP, Lenovo, Hacer y otras marcas, de igual a igual, dejando el estilo “modista” para productos de alto desempeño y valor como los Alienware.

¿Qué podría pasar si se desarrollaran de bases de datos más inteligentes que permitan asociar hasta el ADN del usuario con su perfil de consumo y sus tendencias y hábitos a lo largo de toda su vida?

Por ejemplo, un niño que va creciendo y va desarrollando algunas habilidades especiales, por ejemplo la música o las matemáticas. Podría suceder que conociendo tanto su código genético y su entorno cultural, las empresas puedan adelantarse a sus padres y ofrecerles productos y servicios que estimulen el desarrollo de sus talentos y potencialidades para luego ofrecerle a este niño, cuando crezca, productos que se ajusten a su talla, peso, entorno y gustos personales.

También podría suceder que los laboratorios médicos, basados en el mismo código genético, sepan que una persona es propensa a determinadas enfermedades desde cierta edad. Los laboratorios competirían por ofrecerle no sólo medicinas sino también información y tecnologías suficientes para prevenir su propensión.

Por otro lado,  más allá de esto, podría suceder que las empresas fabricaran productos específicos para cada cliente, aprovechando tecnologías como la mecatrónica y la robótica, de tal forma que cada producto se ajustara a condiciones particulares del usuario.

Los equipos de electrónica de consumo, comunicaciones y computación, la ropa y los autos son productos susceptibles de ser “prediseñados” para los clientes. Esto incluiría un modelo de “vestuario como servicio” y de “estandarización a la medida”.

Evidentemente si el cliente en mención es muy adinerado y excéntrico, sería factible que algunos humanos participaran en la fabricación de sus productos, mientras que los menos ricos podrían conformarse con la producción robotizada, pero a la medida.

Sabemos que el modelo de gorrita, casaca y pantalón verde oliva, al estilo chino, que buscaba uniformar a toda la población, nunca funcionó. Sabemos que el modelo de mercadeo al estilo Hollywood de estereotipar a algunas poblaciones, tampoco cuadra (el mejor ejemplo es el mexicano de gorrito y poncho, dormido en un andén).

No somos iguales. No estamos en el mismo punto, ni somos afines.  No nos gusta la moda y no nos interesa lo masivo y universal. ¿Qué puede hacer el área de mercadeo frente a este modelo? ¿Transformarse? ¿Desaparecer?

Pero antes de juzgar a un área de cualquier negocio podríamos preguntarnos si es eso lo que verdaderamente queremos para ser felices.

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